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Las cuatro revoluciones industriales: ¿Progreso para todos?

Las grandes transformaciones de la humanidad nunca han sido ni lineales ni pacíficas, han ocurrido a través de grandes saltos que redefinieron por completo la forma en que producimos, trabajamos y vivimos. En el marco de lo tecnológico, a lo largo de los últimos tres siglos, el mundo ha experimentado cuatro grandes revoluciones industriales. Cada una de ellas cambió el orden social previo, el desarrollo de la tecnología trajo grandes avances para el mundo, pero siempre con un costo dentro de la distribución de sus beneficios, desigualdades sociales, o daños en el medio ambiente. Por ello, a continuación se analizarán estas importantes etapas del desarrollo humano, que legado dejaron y hacia dónde deberían ir las que vengan.

Primera Revolución Industrial: la era del vapor y el nacimiento de las fábricas (1760-1840 aproximadamente )

Durante mucho tiempo, el trabajo humano dependió exclusivamente de la fuerza muscular, la tracción animal, el agua o el viento. Esta dinámica cambió drásticamente a mediados del siglo XVIII en Gran Bretaña, cuando la combinación de abundante carbón, hierro y capital comercial catalizó la Primera Revolución Industrial de la historia.

Una persona fundamental de este periodo fue James Watt, quien perfeccionó la máquina de vapor. Este avance técnico permitió bombear agua de las minas a una escala sin precedentes, pero también, y aún más importante, liberó a la producción de la necesidad de ubicarse junto a ríos. Las industrias textiles adoptaron rápidamente inventos como la hiladora mecánica y el telar automatizado, multiplicando la fabricación de tejidos a niveles altos.

La llegada del ferrocarril y los barcos de vapor acortó las distancias, lo que unió mercados nacionales e internacionales. Sin embargo, este progreso tuvo una consecuencia como se mencionó anteriormente.  Surgió el proletariado urbano en ciudades sin saneamiento básico, caracterizado por jornadas extenuantes de hasta 16 horas diarias, ambientes de trabajo peligrosos y el uso generalizado del trabajo infantil en minas y fábricas, además del trabajo femenino no remunerado, o con un salario injusto, desde este punto, la base popular empezó a organizarse por primera vez. ¿Es posible que el progreso necesite de la explotación para mantenerse?

Segunda Revolución Industrial: electricidad, acero y sindicalización (1870-1914 aproximadamente)

Ahora bien, a finales del siglo XIX, la ciencia y la tecnología se unieron para dar paso a la Segunda Revolución Industrial. En este periodo, liderado principalmente por Estados Unidos y Alemania, el vapor cedió su lugar a nuevas fuentes de energía, el petróleo, el gas natural y, de forma crucial, la electricidad.

El acero reemplazó al hierro fundido gracias al proceso Bessemer, permitiendo la construcción de rascacielos, puentes imponentes, redes ferroviarias continentales y barcos de carga más pesados. Paralelamente, invenciones como la bombilla incandescente de Edison, el teléfono de Bell, el motor de combustión interna y la radio conectaron a la población mundial a velocidades nunca vista hasta ese punto.

Trabajo, producción y obreros

No obstante, los avances de esta etapa no llegaron por sí mismos, el cambio de época no significó automáticamente mejores condiciones para quienes trabajaban en las fabricas o talleres. Esas brechas e injusticias que existían desde la primera revolución impulsaron al proletariado a organizarse en grandes sindicatos. A través de ellos, con huelgas y otras formas de movilización, el movimiento obrero comenzó a ganar un gran alcance. En Colombia también surgió el sindicalismo, que empezó a fortalecerse durante las primeras décadas del siglo XX junto con el crecimiento de los sectores económicos más importantes como la industria y la explotación petrolera, liderado por figuras destacadas como María Cano o Raúl Eduardo Mahecha.

Gracias a esto, la clase obrera logró derechos laborales para todos y todas, y se empezó a avanzar en la dignificación del trabajo, mientras que al mismo tiempo las urbes se modernizaban con tranvías, alumbrado público y redes sanitarias que marcaban los primeros indicios de un mundo centralizado, donde las ciudades eran las que casi siempre lograban acceder a estos avances tecnológicos. ¿Es posible que el progreso y los derechos avancen en paralelo?

Tercera Revolución Industrial: la llegada de la informática y el mundo digital (1970-2010 aproximadamente )

Seguidamente, tras las guerras mundiales y la reconstrucción económica del planeta, las últimas décadas del siglo XX vivieron la Tercera Revolución Industrial o Revolución Digital. Su motor ya no fue un combustible fósil ni un metal pesado, sino un pequeño componente, el semiconductor.

La invención del transistor y el microchip permitió comprimir la potencia de cómputo en espacios reducidos, dando origen a la computadora personal en los años 70 y 80. Las líneas de producción introdujeron autómatas y controladores lógicos programables (PLC), automatizando tareas repetitivas en la industria manufacturera, evitando algunos costos de mano de obra.

El verdadero salto cualitativo llegó con el acceso público a Internet en la década de 1990. Esto transformó las comunicaciones, dio origen al comercio electrónico, globalizó los mercados financieros e impulsó la economía del conocimiento. Surgieron las tecnologías de la información (TIC), la telefonía móvil masiva y los primeros desarrollos en biotecnología e ingeniería genética. Se construyó así un mundo hiperconectado donde el acceso a los datos comenzó a valer más que la posesión de materia prima.

La brecha digital en Colombia

Sin embargo, hoy existen muchas comunidades y zonas geográficas específicas a las que ese progreso nunca ha llegado. Por ejemplo, con base en datos del DANE (2024) alrededor del 26% de los hogares en Colombia aún no tiene acceso a internet. Esa falta de conectividad se concentra sobre todo en zonas rurales dispersas, en lugares como Vichada y Guainía en el Amazonas, o en la región Pacífica especialmente en Chocó, además de zonas de La Guajira, Cauca y Nariño. En general, las comunidades más afectadas son las de campesinos, indígenas y afrodescendientes.

Además, según datos del OCDE citados por El Colombiano (Zapata Quinchía, 2026) la velocidad móvil de la red en zonas rurales de Colombia es un 78% más baja que el promedio en otros países. Esto revela dificultades estructurales como menores incentivos de inversión, baja rentabilidad comercial y limitaciones en la adopción del servicio. ¿Es posible que el progreso siga siéndolo aunque no incluya a todos?

Cuarta Revolución Industrial: sistemas ciberfísicos, futuro y sostenibilidad (2010-Presente)

Por último, hoy vivimos la Cuarta Revolución Industrial, o Industria 4.0. Si la anterior etapa digitalizó los procesos, la cuarta se caracteriza por la cohesión entre los mundos físico, digital y biológico, lo que está cambiando la naturaleza de cómo interactuamos con las máquinas e incluso, con nuestro entorno.

Esta era está impulsada por una combinación de tecnologías innovadoras. Por un lado, la inteligencia artificial, que aparece en la Tercera Revolución, pero que hasta hace pocos años está alcanzando su potencial real, y el aprendizaje automático que permite procesar volúmenes masivos de datos para predecir patrones, redactar textos, diagnosticar enfermedades o tomar decisiones operativas complejas en fracciones de segundo. Paralelamente, el Internet integra redes interconectadas de sensores y maquinaria que monitorean en tiempo real desde el rendimiento de un motor industrial hasta los parámetros de un cultivo agrícola.

A esto se suma la robótica avanzada y los robots colaborativos, diseñados para trabajar codo a codo con humanos sin poner en riesgo su integridad física. Asimismo, la combinación de la impresión 3D y los gemelos digitales facilita la fabricación aditiva bajo demanda y crea réplicas virtuales precisas de plantas industriales para simular fallas antes de que ocurran en el mundo real. Por último, la biotecnología avanzada y la computación cuántica abren fronteras en la edición genética para aplicaciones médicas y aportan una potencia de cálculo inédita capaz de resolver problemas moleculares complejos.


¿Qué progreso es el que viene para el mundo?

En la actualidad, la Cuarta Revolución Industrial intenta recurrir a energías limpias, almacenamiento digital y tecnología cuántica para operar con IA generativa, IoT, Big Data, biotecnología y robots colaborativos. Ahora bien, el impacto socioeconómico de cada una de estas etapas es complejo. Por un lado, la productividad global creció considerablemente, elevando la expectativa de vida, democratizando el acceso a productos de primera necesidad y permitiendo descubrimientos médicos que contribuyeron a reducir la mortalidad y aumentar la esperanza de vida, al mismo tiempo, la proporción de la población mundial en situación de pobreza extrema disminuyó significativamente a lo largo de los siglos XIX y XX, aunque este proceso no fue uniforme ni benefició por igual a todas las regiones.

Por otro lado, cada salto exigió costos sociales elevados, la migración masiva del campo a las capitales trajo crisis de vivienda e infraestructura en la primera etapa, mientras que la consolidación de grandes monopolios a finales del siglo XIX generó desigualdades severas. En la era actual, el problema ya no radica únicamente en sustituir la fuerza física humana por motores, sino en la automatización de funciones cognitivas y administrativas mediante plataformas inteligentes, la realidad es que los grandes avances tecnológicos o el “progreso” no están a la disposición de todos y todas, sino que sitúan en una posición de lujo y privilegio para sectores muy reducidos de la sociedad, a lo que se suma el daño ambiental provocado por el uso desmedido de combustibles fósiles desde la era del vapor, obligando a dirigir los esfuerzos hacia la descarbonización global.

Conclusión

En últimas, las cuatro revoluciones industriales demuestran que la tecnología es un amplificador del potencial humano en todos sus sentidos. Cada máquina inventada, desde la caldera de carbón hasta la red neuronal más sofisticada del presente, refleja la búsqueda constante de eficiencia y la superación de las limitaciones biológicas. Sin embargo, el reto principal de los próximos años no consiste únicamente en financiar la adopción de algoritmos o robots, sino que el objetivo a alcanzar, con base en la noción de progreso mencionada en el artículo, es la democratización progresiva de las tecnologías. 

Además de que hay que expandir la conectividad a todas aquellas comunidades que actualmente no tienen acceso a ninguna red digital de información, también se debe orientar el acelerado avance tecnológico hacia la utilidad colectiva, que ese poder transformador del mundo digital no amplíe una brecha histórica, sino que al contrario construya la equidad y la sostenibilidad del nuevo planeta que se está configurando en este momento, entendiendo que la tecnología nunca debe ser el único fin del progreso, sino que debe ser una herramienta importante para construir la sociedad más justa, consciente e inclusiva para todos y todas que se pueda lograr. 

¿Es posible este futuro?

Autor: Johan Alexander Cuello Gerena

Editor: Carlos Ivan Pinzón Romero

Código: UCPCG2-2

Universidad: Universidad Central

Fuentes:

1.	Allen, R. C. (2009). The British Industrial Revolution in global perspective. Cambridge University Press. 
2. Landes, D. S. (1969). The unbound Prometheus: Technological change and industrial development in Western Europe from 1750 to the present. Cambridge University Press.
3. Hobsbawm, E. J. (1962). The age of revolution: 1789–1848. Weidenfeld & Nicolson.
4. Castells, M. (1996). The rise of the network society (Vol. 1). Blackwell.
5. DANE. (2024). Boletín Técnico de TIC: Hogares y personas – Año móvil terminado septiembre 2023. Departamento Administrativo Nacional de Estadística. https://www.dane.gov.co
6. Zapata Quinchía, A. (2026, 31 de marzo). Colombia se raja en conectividad rural: velocidad móvil es 78% más baja que el promedio de la OCDE. El Colombiano. https://www.elcolombiano.com/negocios/ocde-brecha-conectividad-internet-rural-colombia-PF35128610