Tecnología

MediaTek, Ericsson y T-Mobile anuncian la primera conexión pre-6G multivendedor: lo que la prueba dice sobre el futuro de las redes

Imagen destacada: Antenas de una instalación celular 5G, fotografía de archivo del 18 de mayo de 2019. Foto: Tony Webster, Wikimedia Commons, CC BY 2.0. Sirve como contexto de infraestructura móvil: no muestra el equipo ni la prueba pre-6G del anuncio. Imagen adaptada por Niixer.

El 6G acaba de dar un paso que los ingenieros llevaban años esperando y que los usuarios todavía no pueden ver: según anunciaron esta semana MediaTek, Ericsson y T-Mobile US, por primera vez una red pre-6G construida por un fabricante habló por aire con un dispositivo de otro fabricante, en condiciones reales de campo y no en un laboratorio cerrado. Las tres compañías presentaron el hito como la primera conexión multivendedor de esta generación, con velocidades de descarga superiores a 5 gigabits por segundo y una latencia que roza lo instantáneo. Es un hito técnico que no cambia nada hoy en el bolsillo de nadie, pero que aporta una validación parcial de interoperabilidad al camino hacia la próxima década de la conectividad. Esta es la historia de la prueba, de por qué importa y de qué debería significar para un país como Colombia.

La prueba que salió del laboratorio

La página de MediaTek está fechada el 3 de noviembre, aunque el cuerpo del comunicado lleva datación del 2 de noviembre desde Hsinchu, Taiwán: la compañía y Ericsson completaron con éxito la primera conexión inalámbrica (OTA, por sus siglas en inglés) pre-6G multivendedor del mundo, utilizando un canal de 400 megahercios de ancho de banda. La prueba se realizó en septiembre en el centro de innovación 6G de T-Mobile en Bellevue, Washington, sobre la red real del operador estadounidense, y el anuncio quedó publicado en la sala de prensa oficial de MediaTek, con las declaraciones de los responsables de las tres compañías.

Los números que reporta el comunicado oficial son contundentes. La conexión alcanzó velocidades pico de descarga superiores a 5 gigabits por segundo y de subida superiores a 2 gigabits por segundo, con una latencia mínima de extremo a extremo de 4 milisegundos. Son resultados anunciados por los participantes para ese ensayo, no velocidades medias comerciales ni una comparación controlada con las redes 5G de los lectores. El comunicado no detalla una distribución completa de mediciones ni garantiza que los máximos de velocidad y el mínimo de latencia se obtengan simultáneamente bajo cualquier carga.

El detalle que convierte el anuncio en hito no son las cifras, sino el apellido de la prueba: multivendedor. Según el comunicado, las primeras pruebas pre-6G habían recurrido habitualmente a ecosistemas cerrados, donde el mismo fabricante ponía la red y el dispositivo. Esta vez, la infraestructura de radio de Ericsson habló directamente con la plataforma de prueba de MediaTek, el fabricante de chips, sobre la red de un tercero, el operador T-Mobile. Que tres gigantes distintos logren interoperar bajo condiciones reales es, según las propias compañías, el requisito previo para que el 6G llegue algún día a ser un producto comercial y no una promesa de feria.

¿Qué significa exactamente «pre-6G»?

La etiqueta puede sonar a marketing, pero tiene un sentido técnico preciso. El 6G como estándar todavía no existe: la comunidad internacional de telecomunicaciones, reunida en el organismo de estandarización 3GPP, está en la fase de definir los requisitos de la nueva generación, con el calendario de Release 21 de 3GPP que sitúa el cierre de Stage 3 en diciembre de 2028 y ASN.1/OpenAPI en marzo de 2029. La comercialización alrededor de 2030 es un horizonte industrial, no una fecha garantizada para cada país u operador.

Mientras tanto, los fabricantes trabajan con tecnología «pre-6G»: prototipos que implementan las ideas que se espera que adopte el estándar final, para validarlas antes de que las reglas estén escritas. Es una carrera de adelantados en la que quien llega primero a probar algo influye después en cómo se escribe la norma. Y es también una carrera de credibilidad: en una industria donde los anuncios de feria abundan, una medición hecha en campo, sobre la red de un operador real y con equipos de dos fabricantes distintos, vale más que cien diapositivas, aunque eso no equivale a una auditoría independiente: el comunicado no publica todos los parámetros necesarios para reproducir el ensayo y comparar sus cifras. La plataforma de MediaTek en esta prueba es justamente eso: un prototipo de equipo de usuario diseñado para demostrar que los dispositivos pueden manejar los 400 megahercios de ancho de banda de descarga y 200 de subida que la dirección técnica del 3GPP anticipa para los terminales 6G.

Que el prototipo se haya alineado con esa dirección no es casualidad. MediaTek, el mayor diseñador de chips para teléfonos del mundo por volumen, está posicionando su tecnología para que, cuando el estándar se concrete, sus procesadores ya hablen el idioma correcto. Lo mismo hace Ericsson con su infraestructura de radio y T-Mobile con su red. La prueba de septiembre fue, en ese sentido, una ensamble de orquesta antes de que exista la partitura definitiva.

El espectro: el recurso invisible que lo sostiene todo

Una antena de celda pequeña de red móvil. Imagen contextual de archivo: no corresponde a la infraestructura usada en la prueba de Bellevue. Foto: Jeffrey Beall, Wikimedia Commons (CC BY 4.0).
Celda móvil en Denver, fotografiada el 8 de abril de 2021. Imagen de archivo para explicar la infraestructura de una red: no corresponde a la prueba pre-6G de Bellevue. Foto: Jeffrey Beall. Fuente original en Wikimedia Commons. Licencia: CC BY 4.0. Imagen adaptada por Niixer.

Detrás de los gigabits hay una decisión de política pública que rara vez aparece en los titulares de tecnología de consumo: la prueba usó un bloque contiguo de 400 megahercios de espectro, un ancho de canal destacado por los participantes para este ensayo, sin que el comunicado justifique atribuirle una primacía frente a todas las modalidades de generaciones anteriores. Ese bloque ancho es, según los comunicados de las compañías, la base de capacidad y cobertura que los servicios 6G van a necesitar, y su validación en campo sirve para respaldar la estrategia de planificación de espectro de los futuros despliegues comerciales.

El espectro radioeléctrico es el recurso natural de las telecomunicaciones: las ondas por las que viajan los datos son de todos, y los Estados las administran asignando porciones a cada uso y a cada operador. Cada generación de redes ha necesitado más espectro y en frecuencias distintas, y el 6G no será la excepción. La discusión sobre qué bandas se destinarán a la nueva generación ya ocupa las agendas de los reguladores y de la Unión Internacional de Telecomunicaciones, y pruebas como la de Bellevue son argumentos técnicos en esa negociación.

Para los países, la lección es directa: quien no planifique su espectro a tiempo llegará tarde a la siguiente generación. Es una lectura de planificación, no una demostración de que el espectro explique por sí solo los ritmos distintos de adopción entre países: también deben considerarse inversión, demanda y disponibilidad de equipos.

¿Para qué quiere el mundo una red así?

Las tres compañías describen en el anuncio un menú de aplicaciones que suena a ciencia ficción, pero que explica la lógica industrial del 6G: inteligencia artificial física (robots y sistemas que perciben y actúan en el mundo real), comunicaciones de realidad extendida en tiempo real, dispositivos conectados de respuesta instantánea y, en general, una red pensada desde su diseño para el tráfico que la inteligencia artificial va a generar.

La clave está en la combinación de las tres mejoras. La velocidad de descarga permite cosas como transmitir video volumétrico o entrenar sistemas en la nube desde cualquier lugar. Pero es la subida lo que cambia el juego: con 200 megahercios de canal de subida, la red deja de tratar al usuario como un mero consumidor de datos para tratarlo como un productor. Gafas de realidad aumentada que envían lo que ven, vehículos autónomos que reportan su entorno, sensores industriales que alimentan modelos de inteligencia artificial: todo eso viaja hacia arriba, y las redes actuales no fueron diseñadas para ese volumen.

La latencia de 4 milisegundos completa el cuadro. Ese mínimo abre preguntas sobre aplicaciones en tiempo real, pero no demuestra que el control remoto de maquinaria, la cirugía asistida por red o la coordinación de flotas autónomas estén listos para operar. Esos usos necesitan validaciones propias de fiabilidad, seguridad, disponibilidad y respuesta del sistema completo; una cifra mínima de latencia no las reemplaza. Ericsson lo resume con una frase que vale la pena anotar: redes nativas de inteligencia artificial, con mayor capacidad de subida y baja latencia. El 6G no se está diseñando para que el video cargue más rápido; se está diseñando para que la inteligencia artificial viva en la red.

Las voces de la prueba

Los ejecutivos de las tres compañías fueron explícitos sobre el significado del hito. Mingxi Fan, vicepresidente corporativo de MediaTek, lo describió como un logro histórico que demuestra que la tecnología de los dispositivos avanza al ritmo de la innovación en conectividad, y subrayó que la interoperabilidad entre chips e infraestructura es esencial para acelerar la comercialización del 6G.

Desde Ericsson, Johan Hultell, responsable de estrategia y gestión de producto de redes, destacó la validación del rendimiento para que los usuarios se beneficien «tan pronto como el 6G despegue», y la calificó como el inicio del camino conjunto hacia el 6G comercial. Y Ankur Kapoor, director de redes de T-Mobile, aportó la mirada del operador: los clientes juzgan una red por cómo se siente, y el 6G subirá esa vara, por lo que conviene probar la tecnología en la red propia mucho antes de que llegue a las manos de los usuarios.

Tres perspectivas, un mismo mensaje: el ecosistema está alineándose. Fabricante de chips, fabricante de red y operador coinciden en que la carrera ya no es de laboratorios aislados sino de validaciones compartidas, y cada prueba conjunta reduce el riesgo y el tiempo hacia el despliegue real.

Por qué ahora y no cuando exista el estándar

Técnicos trabajando en una torre de antenas de telefonía móvil. Imagen contextual de archivo, ajena a la prueba anunciada. Foto: Olgierd, Wikimedia Commons (CC BY 2.0).
Técnicos trabajando en una torre de telefonía móvil, el 21 de julio de 2020. Imagen de archivo que ilustra el trabajo de instalación en una red, ajena a la prueba pre-6G anunciada. Foto: Olgierd (Creative Commons licensed only). Fuente original en Wikimedia Commons. Licencia: CC BY 2.0. Imagen adaptada por Niixer.

Puede parecer prematuro celebrar una red que aún no tiene reglas definitivas, pero la industria de las telecomunicaciones funciona exactamente al revés: primero se prueba, después se escribe el estándar y al final se vende. Las compañías que validan su tecnología en la fase previa llegan a la mesa de estandarización con resultados que otros participantes deben poder discutir y contrastar: una medición en campo también depende de la metodología, las condiciones y los criterios de comparación. Cada prueba exitosa es también una póliza: reduce el riesgo técnico de las inversiones millonarias que vendrán y acorta el tiempo entre la norma escrita y el producto en el mercado.

T-Mobile entendió esa lógica hace años, cuando convirtió su red en un laboratorio abierto para probar tecnologías de siguiente generación mucho antes de su fecha comercial. El centro de innovación de Bellevue, donde corrió esta prueba, es la materialización de esa apuesta: invitar a fabricantes rivales a ensayar juntos sobre infraestructura real, sabiendo que el ecosistema que madure primero definirá la experiencia que los usuarios darán por sentada en la próxima década.

El anuncio del 3 de noviembre es, en el fondo, la foto de ese método funcionando: tres gigantes, una conexión y una constatación de que el 6G dejó de ser un PowerPoint para convertirse en señal de radio viajando por el aire de Washington.

¿Y Colombia en qué queda?

La pregunta inevitable es qué significa todo esto para un país que todavía está terminando de encender el 5G. Colombia adjudicó su espectro 5G en la histórica subasta de 2023, tras años de retraso frente a la región, y los operadores vienen desplegando la red bajo obligaciones de cobertura pactadas con el Estado. Según el reporte de Ecosistema Startup sobre el anuncio de Claro en septiembre, la compañía situó su red 5G en 100 ciudades y municipios, con 180 millones de dólares acumulados entre espectro y despliegue, y los demás operadores avanzan a ritmos distintos en las principales capitales. La realidad, sin embargo, es que la mayor parte del territorio nacional sigue viviendo en 4G, y en zonas rurales la conversación todavía es sobre cobertura básica.

A primera vista, hablar de 6G desde esa realidad parece un ejercicio de frivolidad. Pero hay tres razones concretas para hacerlo, y ninguna es futurismo.

La primera es el espectro. Colombia conoce bien el costo de subastar tarde: el 5G llegó años después que a los mercados líderes pero las fuentes aquí citadas no cuantifican un efecto causal de ese calendario sobre la competitividad. Las decisiones sobre las bandas del 6G se tomarán en foros internacionales en los próximos años, y los países que lleguen con su planificación hecha podrán adoptar la tecnología apenas exista. El Ministerio TIC ya tiene en su radar la planificación de espectro como política de Estado; la pregunta es si el 6G entra temprano en esa planeación o vuelve a sorprender.

La segunda es la industria. Las aplicaciones que el 6G promete (agricultura de precisión, logística autónoma, telemedicina asistida, manufactura conectada) son exactamente las que la economía colombiana necesita para subir en productividad. No es necesario predecir qué componentes fabricará el país para plantear que sus sectores pueden prepararse para evaluar estas tecnologías, igual que hoy prepara su talento en inteligencia artificial con políticas como el CONPES 4144.

La tercera es la más práctica: los ciclos de inversión. Las redes se construyen en décadas, y las decisiones que se tomen hoy sobre infraestructura, normas y talento determinarán si en 2030 Colombia adopta el 6G desde el primer día o vuelve a hacer la fila. T-Mobile decidió montar un centro de innovación y probar la tecnología varios años antes del horizonte comercial mencionado por la industria. Ese es el plazo mental con el que piensan los que lideran.

Cómo se leen las cifras de una red

Tres números definen la experiencia de cualquier red móvil, y la prueba de Bellevue movió los tres. El primero es la velocidad de descarga, el dato favorito de la publicidad: cuántos datos por segundo llegan al teléfono. El pico superior a 5 gigabits por segundo no permite prometer cuánto tardará un archivo en el teléfono de un lector: intervienen su tamaño, la tasa sostenida, el servidor y el resto del recorrido, no solo el enlace de radio. El segundo es la velocidad de subida, el dato olvidado: cuántos datos por segundo salen del teléfono hacia la red. Los más de 2 gigabits de la prueba, sobre un canal de 200 megahercios, son la respuesta de la industria a un mundo en el que los dispositivos generan cada vez más información de la que consumen. El tercero es la latencia, el tiempo que tarda un dato en hacer el viaje de ida y vuelta: 4 milisegundos es menos de la décima parte de lo que tarda un parpadeo, pero no es un umbral universal que habilite por sí solo todas las aplicaciones en tiempo real. El ensayo informa un mínimo de extremo a extremo; no debe confundirse automáticamente con cualquier medición de ida y vuelta de otra red.

Que las tres mejoras lleguen juntas es lo que distingue un salto generacional de una simple actualización. El 5G ya prometía esa combinación y la cumplió a medias en buena parte del mundo; el 6G nace con la lección aprendida de que las cifras de laboratorio deben validarse en el campo, con varios actores, antes de escribirse en un comunicado.

Del 2G al 6G: los saltos que ya vivimos

Cada generación de redes móviles ha redefinido un comportamiento cotidiano. El 2G puso las llamadas y los mensajes de texto en el bolsillo. El 3G llevó el internet básico al teléfono y abrió la era de los correos y los mapas en movimiento. El 4G hizo del video en streaming, las redes sociales y las aplicaciones de transporte una industria global. El 5G, todavía en pleno despliegue, empujó la velocidad y empezó a conectar máquinas además de personas.

El 6G se anuncia como la generación que funde la red con la inteligencia artificial: no una conexión más rápida para hacer lo mismo, sino una infraestructura pensada para que los dispositivos perciban, calculen y actúen en tiempo real. Los ciclos históricos sugieren una década por generación, y el calendario que la industria maneja (estándar maduro hacia finales de la década, comercialización alrededor de 2030) encaja con ese ritmo. La prueba multivendedor de septiembre es, en ese calendario, el primer jalón visible del tramo final de la definición.

Lo que falta por resolver antes de 2030

El hito de Bellevue no resuelve todo lo que separa al 6G de la calle. Falta la estandarización formal en el 3GPP, donde cientos de empresas y reguladores negociarán cada detalle técnico de la especificación. Falta la asignación internacional de espectro, una negociación que se dirime en las conferencias mundiales de radiocomunicaciones y que luego cada país debe traducir a sus propias bandas y subastas. Falta la economía del despliegue: antenas nuevas, fibra que las alimente, dispositivos que las aprovechen y un modelo de negocio que justifique la inversión, un punto en el que el 5G dejó lecciones incómodas para operadores de todo el mundo. Y falta el debate de seguridad y privacidad de una red que, por diseño, sabrá más sobre su entorno que cualquier generación anterior.

Nada de eso desinfla el hito; lo dimensiona. Las pruebas como la de MediaTek, Ericsson y T-Mobile existen precisamente para que cada uno de esos frentes avance con evidencia y no con promesas.

Una estación base móvil 5G de China Telecom: la infraestructura de quinta generación sobre la que la industria ya ensaya el camino al 6G. Imagen contextual de archivo, ajena a la prueba anunciada. Foto: Liuxingy, Wikimedia Commons (CC BY-SA 4.0).
Unidad móvil 5G de China Telecom, fotografiada el 8 de noviembre de 2020. Imagen de archivo de infraestructura 5G: no es un equipo pre-6G ni participó en la prueba de Bellevue. Foto: Liuxingy. Fuente original en Wikimedia Commons. Licencia: CC BY-SA 4.0. Esta adaptación se distribuye con la misma licencia.
El CTO de Ericsson explica en una entrevista qué cambiará con la llegada del 6G. Es contexto sobre esa generación, no un video del ensayo de Bellevue: según MediaTek, la prueba se realizó en septiembre de 2026 y sus resultados se anunciaron en noviembre. Video: moneycontrol, YouTube.

Preguntas frecuentes

¿Ya puedo tener 6G en mi teléfono? No. Lo anunciado es una prueba de campo con prototipos, años antes de cualquier producto comercial. La industria estima los primeros despliegues alrededor de 2030.

¿Qué significa que la prueba sea «multivendedor»? Que la red de un fabricante (Ericsson) se conectó con el dispositivo de otro (MediaTek) sobre el operador de un tercero (T-Mobile). Los participantes contrastan su ensayo con pruebas iniciales habitualmente cerradas. Esa descripción no demuestra que todas las pruebas anteriores fueran de un solo proveedor, ni convierte este resultado en una garantía del funcionamiento de todo el ecosistema futuro.

¿Esto reemplaza al 5G? No a corto plazo. El 5G seguirá desplegándose y madurando durante años; el 6G llegará como capa siguiente, primero en mercados líderes y luego, como siempre, de forma gradual en el resto del mundo.

¿Por qué importa la velocidad de subida? Porque las aplicaciones del 6G (realidad extendida, vehículos autónomos, sensores, inteligencia artificial en dispositivos) envían tanto o más tráfico del que reciben, y las redes actuales fueron pensadas principalmente para descargar.

Una carrera que ya tiene favoritos

La prueba de Bellevue también deja un mapa de poder. MediaTek y Ericsson se anotan el primer hito multivendedor, pero no son los únicos en la pista: Qualcomm, Samsung, Nokia, Huawei y los grandes operadores de Asia y Europa corren su propia versión de esta carrera, y China ha dejado claro que quiere definir buena parte del estándar. La estandarización del 6G será también una negociación geopolítica, como lo fue la del 5G, con el añadido de que ahora la inteligencia artificial está en el centro del diseño.

Hay, además, un ingrediente nuevo respecto a generaciones anteriores: la estandarización del 6G ocurre en paralelo con la explosión de la inteligencia artificial, y eso cambia el orden de las preguntas. Ya no se trata solo de cuánto más rápida será la red, sino de qué tipo de inteligencia va a vivir dentro de ella, quién la controla y bajo qué reglas operará. Esas discusiones recién comienzan, y las pruebas de campo son el terreno donde las respuestas dejan de ser abstractas.

Para los usuarios, la traducción es más simple: la próxima gran actualización de la red de sus teléfonos ya se está ensayando, en antenas reales, con chips reales, sobre redes reales. Cuando llegue, no llegará de sorpresa: llegará por un camino de pruebas como la de septiembre, cada una resolviendo una pieza del rompecabezas. La de Bellevue aporta, según sus participantes, una prueba concreta de interoperabilidad entre sus prototipos. No demuestra que sea la dificultad principal del 6G ni que estén resueltos la cobertura, la fiabilidad, el consumo, el costo o el funcionamiento entre todos los futuros fabricantes.

Referencias

  • Ecosistema Startup. (2026, 3 de septiembre). Claro lleva 5G a 100 ciudades en Colombia con US$180M. Ecosistema Startup. https://ecosistemastartup.com/claro-lleva-5g-a-100-ciudades-en-colombia-con-us180m/
  • MediaTek. (2026, 3 de noviembre). MediaTek and Ericsson Achieve World’s First Successful Multi-vendor Pre-6G Joint Field Trial with T-Mobile US [Comunicado de prensa]. https://www.mediatek.com/press-room/mediatek-and-ericsson-achieve-worlds-first-successful-multi-vendor-pre-6g-joint-field-trial-with-t-mobile-us
  • Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación; CONPES. (2025). CONPES 4144: Política Nacional de Inteligencia Artificial. https://inteligenciaartificial.minciencias.gov.co/wp-content/uploads/2025/09/CONPES-4144.pdf
  • Torres, G. (2026, 6 de noviembre). MediaTek, Ericsson y T-Mobile logran la primera conexión de campo pre-6G con velocidades de descarga superiores a 5 Gbps. TecnoGus. https://www.tecnogus.com.co/mediatek-ericsson-tmobile-prueba-campo-pre-6g/
  • 3GPP. (2026). Release 21. Calendario de la primera versión normativa 6G. https://www.3gpp.org/specifications-technologies/releases/release-21
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