Ciencia

Fusión nuclear 2026: la cuenta regresiva de SPARC

En una antigua base militar de Massachusetts, Commonwealth Fusion Systems ha completado alrededor de tres cuartas partes de SPARC, el tokamak compacto con el que pretende demostrar en 2027 el hito conocido como Q mayor que uno: que el plasma produzca más energía de fusión de la que se le entrega para calentarlo, un umbral de física del plasma, distinto de la ganancia neta de electricidad de toda la instalación, que ninguna máquina de confinamiento magnético ha alcanzado todavía. La carrera por la fusión comercial entra en su fase más concreta, y también en la más exigente.

La promesa de siempre, esta vez con imanes nuevos

La fusión nuclear es el proceso que alimenta al Sol: unir núcleos ligeros, como los de dos variedades de hidrógeno, para formar otros más pesados y liberar energía en el camino. Reproducirlo en la Tierra exige calentar el combustible a decenas de millones de grados, más caliente que el centro de la estrella, y confiar el plasma resultante a campos magnéticos que lo mantengan lejos de las paredes del reactor. Lleva siendo "la energía del futuro" medio siglo porque mantener ese equilibrio el tiempo suficiente y con ganancia neta ha resultado mucho más difícil de lo que predijeron los optimistas de los años cincuenta.

La historia de esa promesa explica también la desconfianza que la rodea. Los primeros optimistas, en los años cincuenta, calculaban centrales de fusión para finales de siglo; el chiste amargo de que la fusión está siempre a treinta años nació de esa sucesión de plazos incumplidos. Lo que ha cambiado no es el entusiasmo sino la física acumulada: los tokamaks han ido doblando una y otra vez el producto de temperatura, densidad y tiempo de confinamiento, la triple cuenta que mide lo cerca que está la ignición, y los ordenadores han convertido el diseño de plasmas en una ciencia predictiva en lugar de un arte de prueba y error.

SPARC es el intento más avanzado de cambiar esa historia desde el sector privado. Es un tokamak, la máquina con forma de rosquilla que concentra la mayor parte de la investigación mundial en fusión, pero con una diferencia decisiva: usa imanes de superconductores de alta temperatura, una tecnología que permite campos magnéticos mucho más intensos en un espacio mucho menor. Campos más fuertes significan plasmas mejor confinados y máquinas más compactas y, en principio, más baratas. La propia Commonwealth Fusion Systems nació como un spin-off del MIT precisamente para industrializar esa idea.

La genealogía de SPARC empieza en el MIT y en un aparato llamado Alcator C-Mod, un tokamak pequeño y de campo magnético muy intenso que batió récords de presión de plasma antes de cerrar en 2016. De allí salió la idea central: si el campo magnético puede ser mucho más fuerte, el tokamak puede ser mucho más pequeño sin perder rendimiento. La pieza que faltaba era el material, y llegó con los superconductores de alta temperatura en cinta, capaces de sostener corrientes enormes en bobinas compactas. La empresa los probó en 2021 con un imán de demostración que alcanzó campos récord para su clase, y desde entonces fabrica las bobinas de SPARC en serie.

El hito que persigue tiene nombre técnico: Q mayor que uno, el punto en que las reacciones de fusión liberan más energía de la que consume el proceso para calentar el plasma. El experimento NIF de California ya cruzó en 2022 un umbral parecido con láseres, aunque con trampa contable importante, porque la energía total de la instalación seguía siendo muy superior a la generada. SPARC busca la versión que interesa a la industria eléctrica: una máquina de confinamiento magnético que demuestre ganancia neta de forma integrada y repetible.

Vale la pena una precisión sobre la letra Q, porque en fusión no toda ganancia es igual. Los científicos distinguen la ganancia del plasma, la energía de fusión comparada con la que se inyecta para calentarlo, de la ganancia total de la instalación, que incluiría toda la electricidad consumida por imanes, sistemas de calentamiento y edificios. SPARC apunta a la primera, la que valida la física; las centrales comerciales tendrán que resolver la segunda, la que valida el negocio. Confundir ambas es el error más habitual en la cobertura del tema, y el que más conviene evitar.

SPARC no pretende ser una central eléctrica, sino la prueba de que la física y la ingeniería cuadran: si logra Q mayor que uno, la fusión comercial deja de ser una promesa para convertirse en un proyecto de construcción.

Dónde está la obra

Según el balance que la propia empresa publicó en 2026, la construcción de SPARC en su sede de Devens, Massachusetts, está completada en torno a un 75 %, una estimación que combina ingeniería, compras, fabricación y montaje. En la sala del tokamak ya se ven las dos mitades de la vasija de vacío y los primeros imanes toroidales en forma de D, dieciocho en total, que formarán la jaula magnética del plasma. La fábrica de imanes superconductores, la pieza que más dudas levantaba, lleva tiempo produciendo en serie.

La empresa detalla además que el diseño físico de SPARC se apoya en décadas de datos de tokamaks de todo el mundo y en cálculos publicados y revisados por pares en la revista Journal of Plasma Physics, una elección deliberada: someter la ciencia al escrutinio abierto en lugar de guardarla como secreto industrial. Junto a ello, el Departamento de Energía de Estados Unidos ha ido aprobando los hitos del programa de apoyo público-privado en el que participa la compañía, una señal de que el calendario se revisa contra objetivos externos y no solo contra el entusiasmo propio.

El camino hasta la primera conexión a red está, además, trazado con hitos intermedios que se pueden verificar desde fuera: finalizar la vasija de vacío, cerrar el anillo de imanes, enfriar el sistema a temperaturas criogénicas, conseguir el primer plasma y escalar después su duración y su potencia. Cada uno de esos pasos tiene fecha orientativa pública, y cada uno es susceptible de fallar de maneras instructivas. La diferencia con el pasado es que ahora esos fallos ocurrirían delante de una industria que aprende en común, no dentro de un único laboratorio nacional.

El combustible también tiene su contabilidad. El deuterio abunda en el agua de mar, pero el tritio es escaso y radiactivo, y las centrales de fusión tendrán que fabricarlo ellas mismas bombardeando litio con los neutrones de la propia reacción, en la llamada manta de regeneración. Demostrar que esa manta produce más tritio del que consume el reactor es una de las tareas pendientes de todo el sector, y una de las razones por las que SPARC se concibe como banco de pruebas: no basta con encender el plasma, hay que aprender a sostener la cadena completa del combustible.

La máquina siguiente, la central ARC, ya tiene sede anunciada en el condado de Chesterfield, en Virginia, y la ambición declarada de ser la primera planta de fusión a escala de red del mundo. La fecha señalada es 2027 para la demostración de ganancia neta, un plazo que la empresa ha mantenido con matices razonables: primero plasma, luego campañas de experimentos y después el intento de Q mayor que uno. La prudencia es obligada en un campo donde los calendarios históricos han fallado más que los aciertos, pero la diferencia con décadas anteriores es que hoy hay hardware físico montándose en una nave, imanes fabricándose en cadena y una hoja de ruta pública con hitos verificables.

Commonwealth Fusion Systems: visita virtual al campus de fusión comercial y la construcción de SPARC (abril de 2026, YouTube)
Serie de imágenes de plasma dentro del tokamak experimental EAST, un diseño de rosquilla magnética similar en concepto al de SPARC
Imágenes de plasma del tokamak experimental EAST, en China. Imagen: Xiang Gao y cols. / Wikimedia Commons, CC BY 3.0.

Cómo funciona un tokamak

El principio es elegante de contar y durísimo de ejecutar. El combustible, una mezcla de deuterio y tritio, se calienta hasta convertirse en plasma, un gas de partículas cargadas. Como están cargadas, responden a los campos magnéticos: un juego de bobinas toroidales y poloidales crea una botella magnética en forma de rosquilla que mantiene el plasma suspendido, sin tocar las paredes, mientras se calienta hasta que los núcleos chocan y fusionan. Los neutrones liberados llevan la energía a una manta que la absorbe como calor, y ese calor es el que una central convertiría en electricidad con turbinas convencionales.

El presupuesto de la energía entrante tiene también su protagonismo: calentar el plasma exige sistemas de radiofrecuencia y haces de partículas que consumen electricidad como una ciudad pequeña, y los imanes superconductores necesitan criogenia permanente. Que la cuenta cierre, que salga más energía de la que entra, es justo lo que SPARC se propone demostrar, y por eso su resultado se medirá con una cifra sencilla de contar al público y difícilísima de alcanzar en la práctica.

La escala de la máquina ayuda a imaginarla: SPARC es un tokamak compacto, de unos pocos metros de radio, pensado para caber en una nave industrial y no en un campus científico. Esa compacidad no es estética sino económica: reduce el coste del imán más caro, el acero, el hormigón y el tiempo de construcción, que en este sector se miden en años y en miles de millones. Si la fusión tiene que competir algún día en precio con el gas o con las renovables con baterías, será con máquinas que se fabriquen casi como aviones y no como catedrales.

La sala de Devens es, en ese sentido, una argumentación construida con hormigón y acero: cada bobina instalada demuestra que el componente más arriesgado del diseño existe y funciona, y cada sistema auxiliar que entra en servicio reduce la lista de incógnitas de ingeniería. La empresa muestra ese progreso en visitas virtuales periódicas, un ejercicio de transparencia inusual en un sector históricamente opaco, y una de las razones por las que sus plazos se toman más en serio que los de otros actores.

Cada pieza de esa cadena ha tenido su propia saga. Los imanes deben ser superconductores para no consumir más electricidad de la que ahorran; el plasma desarrolla inestabilidades que hay que prever y amortiguar en milisegundos; y la manta debe soportar un bombardeo de neutrones que degrada cualquier material conocido. La apuesta de SPARC concentra la innovación en el primer eslabón, los imanes de alta temperatura superconductora, y confía el resto a la física acumulada por generaciones de experimentos.

Por eso los expertos siguen la obra de Devens con una mezcla de escepticismo profesional y expectación real: si los imanes rinden como se calcula y el plasma responde como predicen los modelos, el salto a una central piloto es una cuestión de ingeniería y capital, no de física desconocida. Y esa es, precisamente, la frontera que separa un experimento prometedor de una tecnología energética.

Los imanes merecen un párrafo propio porque son la apuesta tecnológica central: cintas superconductoras de óxidos de tierras raras, capaces de trabajar a campos magnéticos que duplican los de los superconductores clásicos sin dejar de ser prácticas de fabricar. La empresa las validó primero en un prototipo a escala, y hoy las produce en una fábrica propia que considera su verdadera ventaja competitiva. En la fusión moderna, la pregunta ya no es solo si la física funciona, sino quién es capaz de construir la máquina a tiempo y a precio.

Un tokamak es una botella magnética para un plasma a decenas de millones de grados; la novedad de SPARC es hacerla más pequeña y más fuerte con imanes superconductores de alta temperatura.

Esquema de la cámara de un tokamak y su perfil de campos magnéticos, la geometría de rosquilla que confina el plasma
Esquema de la cámara y el perfil magnético de un tokamak. Imagen: Wikimedia Commons, CC BY 4.0.

La competencia: ITER y la carrera privada

SPARC no corre solo. El gran proyecto público de la fusión, ITER, se construye en el sur de Francia con la contribución de 35 países y aspira a demostrar ganancias de energía aún mayores, aunque con un calendario que se ha ido alargando hasta bien entrada la próxima década y un presupuesto que se ha multiplicado sobre el inicial. ITER y SPARC no compiten exactamente por lo mismo: uno es una instalación científica internacional de escala monumental, el otro una apuesta industrial por la compacidad y la velocidad.

El marco regulatorio también ha madurado a su manera: en 2023, el regulador nuclear estadounidense decidió tratar las instalaciones de fusión bajo el régimen de materiales radiactivos y no con el proceso de licencias de los reactores de fisión, una distinción técnica que en la práctica allana y abarata el camino de las centrales piloto. La fusión, además, no puede tener un accidente de fusión descontrolada por diseño físico: si el confinamiento falla, el plasma se apaga. Sus riesgos reales son otros, tritio, activación de materiales, y se gestionan con normas industriales convencionales.

A su alrededor, la industria privada de la fusión se ha convertido en una carrera con decenas de empresas y miles de millones de dólares de capital riesgo: tokamaks esféricos, campos estelaradores, confinamiento inercial, geometrías exóticas. Commonwealth Fusion Systems es la más avanzada en construcción de máquina, pero el ecosistema importa porque está ensayando en paralelo respuestas a preguntas que un solo proyecto no puede responder: qué diseño escala mejor, qué coste por megavatio es viable y qué regulación hace falta.

El contraste con ITER ilustra dos filosofías. El proyecto internacional eligió el tamaño como vía hacia la ganancia: un tokamak enorme donde el plasma se mantiene casi solo, pagando el precio de décadas de construcción y una gobernanza de 35 países. La vía privada eligió la intensidad magnética: máquinas menores, más baratas y más rápidas de iterar, aceptando que el margen de error físico sea menor. Los expertos serios defienden que ambas apuestas se necesitan: una enseña la física en régimen de central, la otra ensaya la industria.

El mapa de la competencia tiene además una geografía nueva: China invierte en fusión a un ritmo comparable al de Estados Unidos, con el tokamak EAST batiendo récords de duración de plasma y un programa propio de reactor de demostración; Reino Unido, Alemania y Japón mantienen programas públicos y empresas privadas; y el Reino Unido aspira a su propio prototipo de central. La carrera ya no es solo científica, es industrial y geopolítica, y eso garantiza que el ritmo no dependerá de un solo proyecto ni de un solo gobierno.

La siguiente pieza ya tiene nombre y dirección: ARC, la primera central de fusión a escala de red que la empresa planea construir en Chesterfield, Virginia, anunciada a finales de 2024 como la primera del mundo de su clase. SPARC es, en esa hoja de ruta, el escalón que debe demostrar que la cuenta de energía sale positiva antes de comprometer los miles de millones que cuesta una central.

Commonwealth Fusion Systems: visita virtual anterior del campus (junio de 2025, YouTube), para comparar el avance de la obra
Vista en sección del reactor tokamak ITER, el gran proyecto internacional de fusión por confinamiento magnético en construcción en Francia
Vista en sección del tokamak ITER. Imagen: A. M. Miri, S. Fink, W. H. Fietz / Wikimedia Commons, CC BY 4.0.

Por qué importa

El atractivo de la fusión es fácil de resumir y difícil de rebajar: combustible prácticamente ilimitado extraíble del agua de mar, cero emisiones de carbono en operación, sin riesgo de accidente de fusión descontrolada y residuos radiactivos de vida mucho más corta que los de la fisión. Si además resulta económica, resuelve de una vez el problema estructural de la transición energética: una fuente firme y limpia que no depende del sol ni del viento. Que siga sin existir después de setenta años de investigación dice lo difícil que es, no lo poco que vale.

El ecosistema financiero que sostiene esta carrera es igual de reciente: Commonwealth Fusion Systems ha levantado miles de millones de dólares de inversores privados y de socios industriales, una apuesta de capital de riesgo sin precedentes en energía de fusión. Ese dinero compra velocidad, pero también exige resultados en horarios empresariales, otra razón por la que los hitos de Devens se anuncian con regularidad de trimestre y no con la cadencia tranquila de los grandes programas públicos.

Por eso la agenda de 2026 y 2027 se sigue con atención inusual incluso fuera del sector energético: si SPARC alcanza su objetivo, la conversación sobre el clima gana una opción que hasta ahora era hipotética; si se retrasa, la fusión confirmará una vez más su reputación de tecnología eternamente prometedora. El propio sector, curtido en ese escepticismo, ha aprendido a medir sus éxitos en plasmas encendidos y papeles revisados, no en anuncios. Es una vara de medir sana, y la que conviene aplicar también desde fuera.

Hay, por último, una lectura de largo plazo que los físicos repiten con paciencia: la fusión no compite con las renovables, las complementa. Solar y eólica son ya las fuentes más baratas de electricidad nueva en buena parte del mundo, pero la red necesita generación firme que responda cuando no hay sol ni viento, y ahí la fusión promete lo que la fisión no consiguió del todo: densidad energética sin combustibles fósiles, sin accidentes catastróficos y sin residuos de milenios. Que llegue a tiempo para el clima es otra cuestión, y la respuesta honesta es que dependerá de décadas como la que SPARC intenta abrir.

Para el lector no especialista, la forma más simple de seguir la historia sin perderse es recordar tres números: la ganancia del plasma, el coste por megavatio instalado y la disponibilidad de la máquina, cuántas horas al año puede producir. El primero se sabrá pronto si SPARC cumple su calendario; los otros dos decidirán si la fusión entra algún día en la factura de la luz. Entre medias queda una de las empresas de ingeniería más ambiciosas de este siglo, y un puñado de años para saber si el Sol puede, por fin, replicarse en una nave industrial de Massachusetts.

Conviene, eso sí, el mismo rigor que se pide a la empresa: ni 2027 es una fecha garantizada ni Q mayor que uno es una central eléctrica funcionando. Entre la demostración de ganancia neta y la electricidad competitiva en la red quedan años de ingeniería, regulación y construcción, y la historia de la tecnología aconseja desconfiar de los calendarios redondos. Pero por primera vez en la historia de la fusión hay una máquina concreta, con imanes reales montándose en una nave real, cuyo único propósito es contestar la pregunta que lleva abierta medio siglo. Eso, en sí mismo, ya es noticia.

Para el lector que quiera seguir la historia con criterio, la señal a vigilar no son los vídeos corporativos sino los hitos verificables: la finalización del montaje del tokamak, el primer plasma, las primeras campañas de potencia y, sobre todo, la publicación revisada por pares de los resultados de ganancia. Si SPARC cumple, 2027 será recordado como el año en que la fusión dejó de ser una broma recurrente de los físicos. Si no, el campo aprenderá, como siempre, a costa de alguien que podía permitírselo.

Referencias

  • Commonwealth Fusion Systems. (2026). Our SPARC fusion facility is now about 75% done. Take a virtual tour of the progress. The Tokamak Times. https://blog.cfs.energy/our-sparc-fusion-facility-is-now-about-75-done-take-a-virtual-tour-of-the-progress/
  • Commonwealth Fusion Systems. (s. f.). SPARC: Proving commercial fusion energy is possible. https://www.cfs.energy/technology/sparc/
  • Commonwealth Fusion Systems. (2026). SPARC progress, DOE Milestone approvals reflect CFS power plant maturity. The Tokamak Times. https://blog.cfs.energy/sparc-progress-doe-milestone-approvals-reflect-cfs-power-plant-maturity/
  • Reuters. (2024, 17 de diciembre). Commonwealth plans world's first grid-scale fusion power plant in Virginia. https://www.reuters.com/business/energy/commonwealth-plans-worlds-first-grid-scale-fusion-power-plant-virginia-2024-12-17/
  • Commonwealth Fusion Systems. (2025). New hardware, new funds, new partnerships: Watch CFS' latest 6-month fusion update. The Tokamak Times. https://blog.cfs.energy/new-hardware-new-funds-new-partnerships-watch-cfs-latest-6-month-fusion-update/

Créditos de las imágenes

  • Destacada: sitio de construcción de SPARC en 2023. Imagen: A. J. Creely y cols., CC BY 4.0. https://commons.wikimedia.org/wiki/File:SPARC_construction_site_2023.jpg
  • Imágenes de plasma del tokamak EAST. Imagen: Xiang Gao y cols., CC BY 3.0. https://commons.wikimedia.org/wiki/File:EAST_Tokamak_plasma_images.jpg
  • Esquema de cámara y perfil magnético de tokamak. Imagen: Wikimedia Commons, CC BY 4.0. https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Schematic-of-a-tokamak-chamber-and-magnetic-profile.jpg
  • Vista en sección del reactor ITER. Imagen: A. M. Miri, S. Fink, W. H. Fietz, CC BY 4.0. https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Sectional-view-of-ITER-tokamak-reactor.jpg
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