COP31 en Antalya: qué se juega el clima del planeta en noviembre de 2026
Del 9 al 20 de noviembre de 2026, Antalya acoge la 31.ª Conferencia de las Partes de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático. Llega después de tres años consecutivos de calor récord y un año después de la cumbre de Belém, que dejó avances en adaptación y financiación, pero también una advertencia: la brecha entre lo que el mundo hace y lo que la ciencia exige sigue siendo peligrosamente amplia.
La cita
La ONU lo resume en una línea: la 31.ª Conferencia de las Partes se celebrará en Antalya, Türkiye, del 9 al 20 de noviembre de 2026, "en un contexto de temperaturas récord, impactos climáticos crecientes y una inseguridad energética cada vez mayor". Es la segunda vez en pocos años que la cumbre anual del clima aterriza a orillas del Mediterráneo, una de las regiones del mundo donde el calentamiento avanza más rápido que la media global, y lo hace además en un país que disputó la sede con Australia hasta el último momento de la cumbre anterior.
El reparto final de papeles, acordado en Belém en noviembre de 2025, es inusual: Türkiye acoge y preside la conferencia en Antalya, mientras que Australia asume un papel de liderazgo en las negociaciones y el Pacífico obtiene la pre-COP, la reunión preparatoria de ministros que suele celebrar el país o la región que organiza la cumbre principal. El acuerdo resolvió una puja de años entre ambos países por ser sede y diseñó un esquema de copresidencia negociadora sin precedentes en el proceso climático.
La cita no es una más. Cada COP es, en la práctica, el único foro donde los casi doscientos países firmantes de la Convención toman decisiones colectivas sobre el clima por consenso. En París 2015 se fijó la meta de mantener el calentamiento muy por debajo de 2 °C y proseguir los esfuerzos para limitarlo a 1,5 °C; en Glasgow 2021 se acordó "reducir progresivamente" el carbón; en Dubái 2023 se habló por primera vez de "transición para abandonar los combustibles fósiles"; en Bakú 2024 se fijó una nueva meta financiera de 300.000 millones de dólares anuales hacia 2035; y en Belém 2025 se acordó triplicar la financiación para adaptación. Antalya hereda todas esas deudas pendientes.
Para quien no siga este proceso de cerca, conviene una aclaración breve: la COP es la cumbre anual de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, el tratado que desde 1994 reúne a casi todos los países del mundo para negociar la respuesta al calentamiento. Bajo ese paraguas se firmó el Protocolo de Kioto en 1997 y el Acuerdo de París en 2015, que es hoy la hoja de ruta común. Las decisiones se toman por consenso, lo que explica tanto su lentitud como su valor: cuando algo se acuerda ahí, lo han aceptado petroestados, islas amenazadas, potencias industriales y países en desarrollo por igual.
Antalya, la sede, es la capital turística del Mediterráneo turco, una ciudad de más de dos millones y medio de habitantes entre montañas del Tauro y playas que reciben millones de visitantes cada año. La región vive ya la tensión entre su modelo económico y el clima que lo sustenta: olas de calor cada vez más largas, estrés hídrico en verano e incendios forestales que en los últimos años han llegado a amenazar zonas turísticas y residenciales. Pocas sedes ilustran tan bien la conversación que la cumbre tiene que tener.
La COP31 no se juega una promesa nueva, sino la credibilidad de las ya hechas: convertir los acuerdos de París, Bakú y Belém en dinero, planes y emisiones que efectivamente bajen.
El contexto científico: el calor no da tregua
El telón de fondo de la cumbre es físico, no diplomático. La Organización Meteorológica Mundial confirmó en enero de 2026 que 2025 cerró como uno de los años más cálidos jamás registrados, con una temperatura media global de 1,44 °C por encima de la media preindustrial (1850-1900), y que el trienio 2023-2025 es el más cálido de toda la serie, con un promedio de 1,48 °C. Los últimos once años, de 2015 a 2025, son los once más cálidos del registro en los ocho conjuntos de datos analizados.
El dato tiene una lectura incómoda: 2025 empezó y terminó con La Niña, el fenómeno que enfría ligeramente el planeta, y aun así quedó entre los años más cálidos. La explicación de la OMM es la acumulación de gases de efecto invernadero en la atmósfera, que sigue aumentando el contenido de calor del sistema: cerca del 90 % de ese exceso de calor se almacena en el océano, cuyo calor en los primeros 2.000 metros creció de nuevo entre 2024 y 2025. Alrededor de un tercio de la superficie oceánica registró en 2025 una de sus tres condiciones más cálidas desde 1958.
Que el promedio anual coquetee con 1,5 °C no significa que el umbral del Acuerdo de París, definido como promedio de largo plazo, esté ya cruzado de forma formal; los propios científicos insisten en la distinción. Pero cada año cálido acerca la línea y aumenta los impactos: olas de calor, lluvias extremas, sequías e incendios que ya no respetan estaciones ni mapas. La cumbre de Antalya se celebrará en una cuenca mediterránea que ha vivido en los últimos años temporadas de incendios cada vez más largas e intensas, incluso en la propia Türkiye.
La física del problema es tozuda y ayuda a entender por qué los negociadores hablan siempre de décadas: el dióxido de carbono emitido hoy permanece siglos en la atmósfera, de modo que el calentamiento responde a las emisiones acumuladas, no solo a las del año en curso. Por eso la meta de 1,5 °C es en realidad una cuenta de carbono, un presupuesto total que el mundo está gastando a un ritmo que, con las emisiones actuales, lo agotaría en pocos años. Cada décima de grado evitada, insisten los científicos, se traduce en menos olas de calor mortales, menos sequías extremas y menos pérdida de ecosistemas.
El Mediterráneo, donde se celebrará la cumbre, es uno de los puntos calientes mejor documentados: la cuenca se calienta a un ritmo superior a la media global y sus veranos ya marcan récords de temperatura marina que alteran la pesca y alimentan episodios de lluvias torrenciales como los que han inundado ciudades de España, Italia, Grecia y la propia Türkiye en los últimos años. La COP31 no tendrá que buscar lejos las imágenes de lo que está en juego.
El trienio 2023-2025 es el más cálido registrado, con 1,48 °C sobre la era preindustrial, y 2025 lo logró incluso con La Niña enfriando: la tendencia de fondo ya no depende del capricho del Pacífico.

Qué dejó Belém y qué hereda Antalya
La COP30 de Belém, que cerró el 22 de noviembre de 2025 en la puerta de la Amazonía, terminó con un acuerdo para triplicar la financiación destinada a que los países en desarrollo protejan a su población de los impactos del clima, y para reforzar el apoyo a los trabajadores y comunidades en la transición hacia energías limpias, la llamada transición justa. El secretario general de la ONU, António Guterres, saludó el avance con una frase que resume la temperatura política del proceso: "la brecha entre dónde estamos y lo que la ciencia exige sigue siendo peligrosamente amplia".
Belém también dejó dos legados concretos que llegan con fecha de entrega a Antalya. El primero es la hoja de ruta de Bakú a Belém, el documento encargado por las presidencias de ambas cumbres para escalar la financiación climática hacia los países en desarrollo hasta al menos 1,3 billones de dólares anuales hacia 2035, sumando fuentes públicas y privadas. El segundo es el Fondo Tropical Forest Forever Facility, lanzado en la cumbre de líderes de Belém para hacer que los bosques tropicales en pie valgan más que los talados, con una meta de capitalización de largo plazo que los países tendrán que empezar a respaldar con compromisos reales.
Conviene también poner en perspectiva lo que Belém significó simbólicamente: fue la primera cumbre del clima celebrada en la Amazonía, la décima cita anual desde París y la que coincidió con el décimo aniversario del acuerdo. La cumbre de líderes previa sirvió para lanzar el fondo de bosques tropicales, y la conferencia cerró con un paquete de decisiones sobre adaptación, transición justa y seguimiento de la meta financiera, aunque con menos ambición de la pedida en el capítulo de mitigación.
Lo que Belém no logró es igual de relevante para entender la agenda de 2026: no hubo una hoja de ruta explícita y consensuada para abandonar los combustibles fósiles, una de las demandas más sonoras de decenas de países y de la sociedad civil. La promesa de Dubái de "transicionar" más allá del carbón, el petróleo y el gas sigue sin plan de implementación colectivo, y ese vacío será uno de los ejes de presión sobre la presidencia turca.
Los planes nacionales: la curva empieza a doblarse, despacio
El corazón del Acuerdo de París son las contribuciones determinadas a nivel nacional, los planes con los que cada país se compromete a recortar emisiones cada cinco años. La ronda que vence en 2025 y que se examinará en Antalya es especial: es la primera en la que los países debían presentar metas para 2035, y llega diez años después de París, con el primer balance global ya encima de la mesa.
El informe de síntesis de la ONU Clima, actualizado durante la COP30, muestra un avance real e insuficiente a la vez: con los nuevos planes presentados por 113 Partes hasta el 9 de noviembre de 2025, las emisiones globales proyectadas caerían en torno a un 12 % en 2035 frente a los niveles de 2019. Es la primera vez que la proyección apunta a una caída absoluta, y el secretario ejecutivo de la ONU Clima, Simon Stiell, lo celebró como una señal de que "la curva de emisiones empieza a doblarse", pero advirtió que el ritmo y la escala deben aumentar de forma drástica para mantener el 1,5 °C a mano.
El matiz que Antalya tendrá que gestionar es doble. Por un lado, los planes analizados cubrían solo una parte de las emisiones globales, porque varios de los grandes emisores llegaron tarde o con metas menos ambiciosas de lo pedido; el análisis completo se irá actualizando. Por otro, incluso cumpliéndose a rajatabla, una caída del 12 % en 2035 está lejos de lo que el Panel Intergubernamental del Cambio Climático asocia con mantener el calentamiento en 1,5 °C, que exige recortes mucho más profundos en la misma década. La distancia entre ambas cifras es, en esencia, el trabajo pendiente de la cumbre.
Los nuevos planes nacionales proyectan por primera vez una caída de las emisiones globales, en torno al 12 % para 2035: histórico como dirección, insuficiente como magnitud.
El dinero: de la promesa al balance
Nada condiciona tanto la credibilidad del proceso como la financiación. Los países en desarrollo recordaron en Bakú que no pueden descarbonizar sus economías ni adaptarse a un clima más hostil sin capital, y la nueva meta colectiva de 300.000 millones de dólares anuales hacia 2035 quedó muy por debajo de lo que sus propios cálculos estimaban necesario. La hoja de ruta hacia los 1,3 billones es el intento de cubrir esa distancia movilizando también banca de desarrollo y capital privado.
El orden de magnitud ayuda a entender la discusión: los 300.000 millones anuales acordados en Bakú son lo que los países ricos se comprometieron a liderar hacia 2035, pero los cálculos técnicos que maneja la propia ONU Clima sitúan las necesidades de los países en desarrollo en varios billones al año sumando mitigación, adaptación y pérdidas y daños. De ahí la hoja de ruta hacia los 1,3 billones anuales, que intenta sumar banca multilateral, capital privado y nuevas fuentes como los impuestos a sectores muy contaminantes. La palabra clave de la negociación será "adicionalidad": que el dinero nuevo no sea el mismo de ayuda al desarrollo con otra etiqueta.
La discusión sobre quién paga llega, además, con historia cargada. Países como China o las monarquías del Golfo, hoy grandes emisores con economías de renta alta, no figuran en la lista clásica de contribuyentes obligados que se redactó en los años noventa, y las economías desarrolladas presionan desde Bakú para ampliar esa base. Los países en desarrollo responden que la responsabilidad histórica de las emisiones acumuladas no se reparte por decreto. Antalya heredará ese pulso intacto, y de su resolución dependerá en buena parte el tamaño real del dinero disponible.
En Antalya, la presidencia turca tendrá que convertir esa hoja de ruta en decisiones: qué parte será dinero público y adicional, qué papel jugarán los bancos multilaterales, cómo se contabilizará y cómo se evitará que la financiación llegue en forma de deuda que ahogue a los países que más la necesitan. Junto a ella correrá en paralelo la negociación sobre la nueva meta de adaptación y el seguimiento del fondo para pérdidas y daños, creado en Dubái y todavía muy por debajo de las necesidades estimadas.
Qué observar en noviembre
Para un lector que quiera seguir la cumbre con lupa, hay cuatro señales concretas. Primera: si el documento final recoge o no un compromiso verificable de triplicar la financiación de adaptación, y con qué fecha. Segunda: si avanza la discusión sobre combustibles fósiles que quedó abierta en Belém, o vuelve a postergarse. Tercera: cuántos países presentan planes nacionales nuevos o reforzados durante la cumbre y con qué ambición de recorte para 2035. Cuarta: qué países anuncian aportaciones al fondo de bosques tropicales y al de pérdidas y daños, y por cuánto.
Habrá también una dimensión simbólica difícil de ignorar. La cumbre se celebra en un país mediterráneo que ha sufrido olas de calor e incendios severos, con Australia co-liderando las negociaciones tras sus propias temporadas de fuego, y con el Pacífico, la región más amenazada por la subida del nivel del mar, organizando la reunión preparatoria. El mapa de la presidencia de la COP31 es, en sí mismo, un mapa de los impactos del calentamiento.
La presión social llegará como siempre por las calles y por los pabellones. Belém vivió las mayores movilizaciones indígenas y climáticas de las últimas cumbres, con protestas que exigían un abandono ordenado de los fósiles y más financiación directa a las comunidades. Antalya, con un contexto político distinto, medirá cuánto de ese empuje ciudadano se traduce en texto negociado.
Y está la dimensión doméstica, que en las cumbres del clima nunca es menor: Türkiye asume la presidencia queriendo mostrarse como puente entre bloques, un país con economía emergente, industria pesada que descarbonizar y una posición geográfica entre Europa, Oriente Próximo y el Cáucaso. Australia, que disputó la sede hasta el final argumentando la urgencia existencial del Pacífico, se queda con un papel de liderazgo negociador que deberá demostrar en los textos. Cómo repartan el mérito y el trabajo es una incógnita diplomática más de esta edición.
La agenda técnica, menos visible pero decisiva, incluye además el segundo balance global del Acuerdo de París, el ejercicio quinquenal que mide al mundo entero contra sus propias metas y que suele marcar el tono de las negociaciones de ambición. La primera edición, en Dubái, diagnosticó que el mundo no iba por buen camino y de ese diagnóstico salió la mención histórica a los combustibles fósiles. Lo que diga el segundo, con el calentamiento ya rondando 1,5 °C en años sueltos, condicionará la política climática de la década de 2030.
El calendario inmediato ayuda a dimensionar la cita: la pre-COP del Pacífico reunirá a los ministros semanas antes para preparar posiciones, y durante los doce días de Antalya desfilarán jefes de Estado y de Gobierno en el segmento de alto nivel, negociadores en decenas de salas paralelas y miles de observadores de la sociedad civil, empresas y sindicatos. La cumbre cerrará, salvo sorpresa, la madrugada del 21 de noviembre con el texto final, que como siempre se conocerá solo cuando el último país levante la mano.
Hay, en fin, un argumento que los negociadores repiten cada noviembre y que en Antalya sonará más fuerte: la energía limpia ya no necesita caridad, compite por precio. La ONU recordó en Belém que cada dólar invertido en renovables genera tres veces más empleo que uno invertido en fósiles, y el despliegue solar y eólico siguió batiendo récords incluso en años de turbulencia geopolítica. La pregunta que la COP31 intentará responder es si la política consigue ir tan rápido como la tecnología que ya existe.
La prueba del algodón de Antalya será contable: cuántos miles de millones, para cuándo, para quién y con qué contrapartida en recortes de emisiones.

Por qué importa
Las cumbres del clima se parecen en un detalle desalentador: cada una se presenta como decisiva y cada una termina con avances parciales. La tentación del cinismo es comprensible, pero el balance de una década de París muestra que el proceso, lento y frustrante, ha movido la línea: las proyecciones de calentamiento para este siglo son hoy menores que antes del acuerdo, las renovables son ya la fuente de electricidad más barata de la historia en buena parte del mundo y, por primera vez, la curva de emisiones prevista apunta a la baja.
También es honesto reconocer los límites del formato: las COP no tienen policía climática que haga cumplir lo acordado y sus textos finales suelen ser el mínimo común denominador de casi doscientos gobiernos. Su fuerza real es otra: fijan la dirección política global, crean obligaciones de rendición de cuentas y mueven dinero, leyes y mercados. Cuando París fijó la meta de 1,5 °C, esa cifra pasó a ordenar la política energética de medio mundo; cuando Dubái nombró por primera vez el abandono de los fósiles, el debate dejó de ser si ocurriría para pasar a ser cuándo y cómo.
Antalya no salvará el clima en doce días, pero decidirá si la promesa de Belém de triplicar la adaptación se convierte en cifras, si la hoja de ruta de los 1,3 billones tiene patas y si los planes nacionales siguen doblando la curva. En una década en la que cada fracción de grado evitado salva millones de vidas y miles de millones en daños, como recordó la ONU en Belém, esas cuentas son el asunto de fondo. Todo lo demás es protocolo.

Referencias
- Naciones Unidas. (2026). La COP31 se celebrará del 9 al 20 de noviembre de 2026 en Antalya, Türkiye. https://www.un.org/en/climatechange/cop31
- Naciones Unidas. (2025, noviembre). La COP30 cierra con un acuerdo para reforzar el apoyo a los países en desarrollo. https://www.un.org/en/climatechange/cop30
- ONU Clima (UNFCCC). (2025, 11 de noviembre). La actualización del informe de síntesis de las NDC muestra que la curva de emisiones empieza a doblarse, pero se urge a acelerar. https://unfccc.int/news/update-to-ndc-synthesis-report-shows-the-emissions-curve-is-being-bent-downwards-but-urgent
- ONU Clima (UNFCCC). (2025). Hoja de ruta de Bakú a Belém para movilizar 1,3 billones de dólares en financiación climática. https://unfccc.int/topics/climate-finance/workstreams/baku-to-belem-roadmap-to-13t
- Organización Meteorológica Mundial. (2026, enero). La OMM confirma que 2025 fue uno de los años más cálidos registrados. https://wmo.int/news/media-centre/wmo-confirms-2025-was-one-of-warmest-years-record
- Gobierno de Australia. (2025, noviembre). La COP será acogida por Türkiye con Australia liderando las negociaciones. https://www.pm.gov.au/media/cop-be-hosted-turkiye-australia-leading-negotiations
Créditos de las imágenes
- Destacada: playa de Kemer, Antalya. Foto: Crymaker, CC BY-SA 2.5. https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Kemer_beach,_Antalya.jpg
- Incendio de Barrington Lake, Canadá. Imagen: Pierre Markuse, CC BY 2.0. https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Barrington_Lake_Fire_with_massive_smoke_plume,_Nova_Scotia,_Canada_-_29_May_2023_(52939602490).jpg
- Protestas en la COP30 de Belém. Foto: Xuthoria, CC BY-SA 4.0. https://commons.wikimedia.org/wiki/File:COP30_-_Protests_10.jpg
- Acantilados de Falezler, Antalya. Foto: Haluk Comertel, CC BY 3.0. https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Falezler-Antalya_-_panoramio_(2).jpg
