CienciaNiixer

El CERN obtiene la primera evidencia de la desintegración más rara del mesón B⁰ y abre la puerta al zeptoverso

Un equipo internacional de físicos anunció esta semana desde el CERN la primera evidencia experimental, obtenida por un único experimento, de una de las desintegraciones más raras jamás buscadas: la transformación de un mesón B⁰ en dos muones. El resultado, presentado por la colaboración LHCb del Gran Colisionador de Hadrones y disponible como prepublicación en arXiv desde comienzos de noviembre y enviada a la revista Physical Review X, pone fin a una búsqueda que comenzó en 1984 y abre una ventana de exploración hacia la escala más pequeña de la naturaleza jamás sondeada: el llamado zeptoverso.

La cautela es parte de la noticia. El resultado alcanza una significancia estadística de 3,2 sigma, suficiente para hablar de evidencia, pero todavía por debajo del umbral de 5 sigma que la física de partículas exige para declarar un descubrimiento. Y por ahora, los datos coinciden con las predicciones del Modelo Estándar. Lo extraordinario no es haber encontrado nueva física, sino haber construido por fin el instrumento capaz de mirar donde la nueva física podría esconderse.

¿Qué encontraron exactamente los científicos del CERN?

En el corazón del anuncio hay un proceso estadísticamente escurridizo. Al hacer colisionar protones a velocidades cercanas a la de la luz en el LHC, los detectores registran millones de partículas producidas en cada choque. Entre los rastros, los investigadores de LHCb identificaron señales de que algunos mesones B neutros (B⁰) se habían desintegrado en un muón y un antimuón, una transformación que el Modelo Estándar predice que ocurre aproximadamente una vez por cada diez mil millones de desintegraciones de estos mesones.

Puesto en perspectiva: aunque los científicos observaran diez mil millones de estas partículas desintegrarse, esperarían encontrar en promedio un solo caso de este tipo. Identificarlo exigió separar una señal minúscula de un océano de sucesos mucho más frecuentes, algo que los físicos comparan con distinguir el zumbido de un solo mosquito en mitad de un estruendoso concierto de rock. La prepublicación con los resultados está disponible en el repositorio arXiv desde comienzos de noviembre y el anuncio público del CERN se hizo el 3 de noviembre; el estudio aún no ha completado la revisión por pares.

¿Qué es el zeptoverso y por qué tiene ese nombre?

El zeptoverso no es un universo paralelo ni un lugar fotografiable: es la forma abreviada que los físicos usan para referirse al territorio de la naturaleza que se mueve en la escala de los zeptómetros. Un zeptómetro equivale a 10⁻²¹ metros, es decir, una miltrillonésima parte de un metro. Para dimensionarlo: un átomo típico mide alrededor de 10⁻¹⁰ metros, unos 100.000 millones de zeptómetros de diámetro. Si ampliáramos un átomo hasta convertirlo en una esfera de un kilómetro, un protón mediría en esa escala unos 1,7 centímetros, y un zeptómetro se reduciría a unos diez nanómetros: millones de veces menos que el protón y cien mil millones de veces menos que el átomo original.

Señales procedentes de esa escala, cien mil millones de veces menor que un átomo, son las que la colaboración LHCb logró aislar, tras más de cuarenta años de búsqueda. La apuesta científica es que en ese territorio inexplorado puedan manifestarse partículas y fuerzas que hasta ahora han estado fuera del alcance de cualquier instrumento.

¿Qué es un mesón B⁰ y por qué su desintegración es tan especial?

El mesón B⁰ es una partícula subatómica inestable formada por un antiquark “fondo” y un quark “abajo”, dos de los seis tipos o “sabores” de quarks que describe la física actual (arriba, abajo, encanto, extraño, cima y fondo). Pertenece a la familia de partículas apodadas “belleza”, de donde viene la “b” del detector LHCb (Large Hadron Collider beauty experiment). Apenas sobrevive alrededor de una billonésima y media de segundo antes de desintegrarse en otras partículas.

Los muones en los que ocasionalmente se transforma son parientes más pesados del electrón: tienen la misma carga eléctrica pero una masa unas 207 veces mayor. Lo que hace especial a esta desintegración concreta es que, dentro del Modelo Estándar, no puede producirse mediante una interacción sencilla: requiere una complicada secuencia de procesos cuánticos en los que intervienen partículas como los bosones W y los quarks cima, en lo que los físicos llaman una transición de corriente neutra que cambia el sabor del quark. Esa dificultad es, paradójicamente, su mayor virtud científica.

Estelas de luz azul formando patrones circulares alrededor de una esfera
Figura 1. Estelas de luz azul en patrones circulares. Nota. De Shapes from Blue Lights [Fotografía], por F. Cone, s.f., Pexels (https://www.pexels.com/photo/shapes-from-blue-lights-4126763/). Imagen de stock bajo la licencia de uso gratuito de Pexels (s.f.); ilustración artística, no una visualización de datos del CERN.

¿Por qué una desintegración rara es una ventana a nuevas partículas?

Aquí está el corazón del asunto. Precisamente porque el proceso es tan improbable y requiere una secuencia cuántica tan específica, cualquier partícula desconocida que exista en la naturaleza podría intervenir en esa secuencia y alterar, aunque sea mínimamente, la probabilidad de que el mesón se desintegre de esta manera. Entre las posibilidades teóricas que los físicos contemplan figuran nuevos bosones de Higgs, partículas Z’ o los llamados leptoquarks: hipotéticas partículas demasiado pesadas para ser producidas directamente en el LHC, pero que dejarían su huella en el comportamiento de partículas conocidas.

El propio CERN lo resumió en su comunicado: “Medir esta desintegración de quark con tal precisión podría revelar signos de nuevas partículas que son demasiado pesadas para ser producidas directamente en el LHC. En general, cuanto más improbable sea una descomposición, más sensible es a la influencia de nuevas partículas”. La lógica es la de escuchar detrás de una puerta cerrada: no se ve la criatura, pero sus ruidos delatan su naturaleza.

¿Qué significan 3,2 sigma y por qué no es todavía un descubrimiento?

La física de partículas maneja umbrales estrictos para no confundir fluctuaciones estadísticas con fenómenos reales. Una significancia de 3 sigma corresponde a una probabilidad muy baja de que el resultado sea una casualidad de los datos, y autoriza a hablar de “evidencia” de un proceso. El umbral para declarar un “descubrimiento” es mucho más exigente: 5 sigma, el estándar con el que se anunció, por ejemplo, el bosón de Higgs en 2012. El resultado de LHCb alcanza 3,2 sigma al combinar los nuevos datos con los anteriores, lo que lo convierte en la primera vez que un solo experimento consigue evidencia de este fenómeno, pero no en un descubrimiento formal.

Harry Cliff, físico de la Universidad de Cambridge y director del análisis, lo explicó así: “Lo que encontramos en estos últimos resultados es una desintegración increíblemente rara. Este proceso solo ocurre para una de cada diez mil millones de partículas belleza, por lo que es increíblemente difícil de encontrar. Los físicos llevan buscando este raro tipo de desintegración desde 1984, es decir, desde antes de que yo naciera”.

¿Cómo fue la búsqueda de 42 años que llevó hasta aquí?

La historia de esta medición es una carrera de relevos entre generaciones de instrumentos. La búsqueda comenzó en 1984, cuando el experimento CLEO, en Estados Unidos, intentó detectar por primera vez este esquivo proceso sin éxito. Desde entonces, cada generación de aceleradores y detectores fue refinando los límites: qué tan rara podía ser la desintegración sin que nadie la hubiera visto todavía. El LHC y su detector LHCb, diseñado específicamente para estudiar partículas belleza, reunieron por fin la intensidad de colisiones y la precisión de medición necesarias para aislar la señal.

La lección de fondo es una constante de la física experimental: los resultados que llegan a los titulares son la punta de décadas de ingeniería de detectores, estadística y cómputo. La distancia entre 1984 y 2026 no fue una espera pasiva, sino una sucesión de límites cada vez más estrictos que acotaron dónde podía esconderse el proceso y cuántos datos harían falta para verlo.

Científica con bata de laboratorio manipulando muestras para investigación
Figura 2. Trabajo de laboratorio científico. Nota. De Scientist in Laboratory [Fotografía], por P. Tankilevitch, s.f., Pexels (https://www.pexels.com/photo/scientist-in-laboratory-3735769/). Imagen de stock bajo la licencia de uso gratuito de Pexels (s.f.); ilustra el trabajo de laboratorio, no el experimento LHCb.

¿Qué tiene que ver esto con la materia oscura y la antimateria?

El interés por el zeptoverso no es solo coleccionismo de partículas. El Modelo Estándar, la teoría que describe con extraordinaria precisión las partículas elementales y sus interacciones, tiene lagunas conocidas y enormes: no explica qué es la materia oscura, que es aproximadamente cinco veces más abundante que toda la materia ordinaria del universo, ni por qué después del Big Bang sobrevivió tanta materia y prácticamente desapareció toda la antimateria. La esperanza de la física de partículas es que procesos extremadamente raros y medidos con extrema precisión revelen desviaciones respecto a las predicciones, y que esas desviaciones señalen hacia la teoría más completa que falta.

Por ahora, y esta es la parte que exige honestidad en el titular, los resultados de LHCb coinciden con las predicciones del Modelo Estándar. El valor del anuncio es haber demostrado que la medición es posible y haber calibrado el instrumento; la caza de desviaciones empieza ahora, con más datos y análisis cada vez más finos.

¿Hay escalas todavía más pequeñas que el zeptoverso?

Sí, al menos en el papel. Más allá del zeptómetro está la longitud de Planck, unos 60 billones de veces más pequeña que un zeptómetro, la escala donde las teorías actuales del espacio y el tiempo dejan de tener sentido y donde se supone que la gravedad cuántica dicta sus reglas. Los científicos no saben si en esas distancias existen nuevas partículas, fuerzas o incluso propiedades desconocidas del espacio y el tiempo; por ahora, buena parte de lo que podría ocurrir allí pertenece al terreno de las hipótesis. El zeptoverso, en cambio, acaba de dejar de ser pura especulación instrumental: es la primera escala extrema de la que la física tiene evidencia experimental directa.

¿Dónde se puede ver el experimento LHCb?

El CERN mantiene un canal oficial de YouTube con material divulgativo sobre sus experimentos. Entre ellos, una visita en directo al experimento LHCb que muestra el detector, la caverna subterránea que lo aloja y el trabajo de la colaboración internacional que lo opera. Es el mejor material oficial disponible para visualizar el instrumento detrás del anuncio de esta semana; el video corresponde a una transmisión del CERN de 2022, previa a este resultado, y se incluye como referencia del experimento.

Video: We are Live from the LHCb Experiment (CERN, canal oficial en YouTube, 2022). Material oficial del CERN sobre el detector donde se obtuvo la evidencia descrita en este artículo.
Tablero negro cubierto de ecuaciones matemáticas y químicas escritas con tiza
Figura 3. Ecuaciones escritas en un tablero. Nota. De Close-up of Complicated Equations Written on a Blackboard [Fotografía], por V. Gariev, s.f., Pexels (https://www.pexels.com/photo/close-up-of-complicated-equations-written-on-a-blackboard-22690750/). Imagen de stock bajo la licencia de uso gratuito de Pexels (s.f.); ilustra el trabajo teórico, no cálculos del análisis de LHCb.

¿Qué sigue después de esta evidencia?

El camino inmediato tiene tres etapas claras. Primero, la revisión por pares de la prepublicación disponible en arXiv, el filtro que convertirá el resultado en literatura científica formal. Segundo, más datos: el LHC continúa su programa de colisiones y cada nuevo lote de datos acercará la significancia estadística al umbral de 5 sigma o revelará desviaciones respecto al Modelo Estándar. Tercero, la combinación de resultados entre experimentos, que históricamente ha sido la vía para confirmar procesos de esta rareza. Si en alguna de esas etapas la probabilidad medida de la desintegración se separa de la predicción teórica, la física tendría su primera grieta concreta hacia partículas nuevas; si no, el Modelo Estándar saldrá una vez más reforzado de una prueba diseñada para romperlo.

¿Cómo funciona el Gran Colisionador de Hadrones que hizo posible la medición?

El Gran Colisionador de Hadrones es la máquina científica más grande jamás construida: un anillo de 27 kilómetros enterrado en la frontera entre Suiza y Francia, cerca de Ginebra, donde haces de protones circulan en direcciones opuestas a velocidades cercanas a la de la luz y se hacen colisionar en puntos instrumentados. La enorme máquina, operada por el Laboratorio Europeo de Física de Partículas (CERN), hace chocar átomos para separarlos y descubrir qué hay en su interior. En cuatro puntos del anillo operan experimentos gigantes, cada uno especializado: LHCb es el dedicado a las partículas belleza, la familia a la que pertenece el mesón B⁰.

La lógica de la colisión como método es einsteniana en el sentido literal: la energía de los choques se convierte en masa, produciendo partículas pesadas y de vida brevísima que no existen libres en la naturaleza cotidiana. Cada colisión es un microscopio instantáneo de la materia en sus escalas más profundas, y el trabajo del detector es fotografiar los productos de esa explosión controlada para reconstruir lo que ocurrió en el primer instante.

¿Quiénes participaron en el análisis?

El resultado es obra de la colaboración LHCb, una de las cuatro grandes colaboraciones del LHC, integrada por científicos de decenas de instituciones de todo el mundo. El análisis concreto fue dirigido por investigadores basados en la Universidad de Cambridge, con Harry Cliff como director del análisis y portavoz científico de los resultados en los medios. Como es habitual en la física de partículas contemporánea, el hallazgo no tiene un único autor: es el producto de una infraestructura científica internacional que incluye desde los ingenieros del acelerador hasta los equipos de cómputo distribuido que procesan los datos.

¿Cómo se distingue la señal del ruido en un detector así?

La pregunta es más difícil de lo que parece. En los detectores del LHC se producen miles de millones de colisiones y solo una fracción minúscula contiene procesos interesantes. Para aislar la desintegración del mesón B⁰ en dos muones, los analistas rastrean pares de muones que viajan en direcciones opuestas y reconstruyen si ambos provienen del mismo punto de desintegración y con la masa esperada del mesón padre. Alrededor de esa señal genuina se acumulan fondos de procesos mucho más frecuentes que imitan la firma. El refinamiento de esas técnicas de separación, junto con el volumen de datos acumulado por el LHC, es lo que finalmente permitió que la evidencia emergiera con 3,2 sigma.

¿Por qué debería importarle esto a alguien fuera de la física?

La respuesta honesta tiene dos niveles. En el inmediato, la medición no cambia la vida de nadie: no hay aplicación tecnológica directa de una desintegración de mesones. En el nivel profundo, la historia de la ciencia muestra que la comprensión de las escalas extremas de la materia termina transformando la tecnología: la mecánica cuántica que describía partículas “inútiles” hace un siglo es hoy la base de la electrónica, el láser y la computación. Saber si el Modelo Estándar resiste o se rompe en la escala del zeptoverso es saber si el mapa fundamental de la realidad está completo o tiene territorios sin dibujar. Esa pregunta, que comenzó a formularse en 1984 con el experimento CLEO, acaba de recibir su primera respuesta experimental directa.

¿Qué significa que el estudio esté en arXiv sin revisión por pares?

Los resultados se publicaron primero en arXiv, el repositorio de prepublicaciones científicas donde la física comparte sus hallazgos antes de la evaluación formal de una revista. Es el flujo normal de la disciplina: permite a la comunidad examinar los datos y métodos de inmediato, pero implica que el trabajo todavía no ha superado el filtro de revisores independientes. En la práctica, los análisis de las grandes colaboraciones del CERN pasan por múltiples verificaciones internas antes de salir a arXiv, lo que les da una solidez inicial considerable; aun así, la confirmación formal llegará con la publicación en revista y, sobre todo, con la reproducción por datos independientes.

¿Qué son los muones y dónde aparecen fuera del laboratorio?

Aunque suenen exóticos, los muones son los visitantes subatómicos más comunes de la vida cotidiana: llegan constantemente desde la alta atmósfera, producidos cuando los rayos cósmicos chocan contra ella, y atraviesan edificios, montañas y cuerpos humanos sin dejar rastro perceptible. Cada segundo, varios muones cruzan a cualquier persona que lea esto. Son, como señala la descripción de los físicos, versiones pesadas del electrón: misma carga, masa unas 207 veces mayor, existencia breve antes de desintegrarse. Que una partícula tan familiar para los detectores sea el producto de una desintegración tan rara es parte de la elegancia de la medición: el fenómeno buscado se escondía detrás de la señal más común del cielo.

¿Cómo encaja este resultado en el calendario científico de 2026?

El anuncio llega en un período de intensa actividad para la física de partículas experimental, con el LHC operando a su máxima luminosidad y las colaboraciones publicando mediciones de precisión de forma sostenida. La evidencia de la desintegración del mesón B⁰ en dos muones se suma a una serie de resultados recientes del CERN que exploran los límites de lo observable, desde indicios de entrelazamiento cuántico en partículas que no se pueden observar directamente hasta mediciones cada vez más estrictas de las propiedades del bosón de Higgs. En conjunto, estos trabajos persiguen el mismo objetivo estratégico: exprimir los datos del colisionador actual antes de las próximas generaciones de instrumentos, y determinar si el Modelo Estándar sobrevive intacto a la década o empieza a mostrar la grieta que oriente la construcción de la teoría que lo reemplace.

¿Qué debe esperar el lector de la cobertura de este hallazgo?

La regla práctica para leer noticias de física de partículas es mirar siempre la significancia estadística y el estado de la revisión por pares antes que el titular. En este caso, ambos datos están sobre la mesa: evidencia de 3,2 sigma, prepublicación en arXiv pendiente de revisión formal, y coincidencia por ahora con el Modelo Estándar. Lo que puede afirmarse con solidez es que una búsqueda de 42 años produjo su primera evidencia directa y que el instrumento para explorar el zeptoverso ya existe y funciona. Lo que no puede afirmarse todavía es que la física haya encontrado nuevas partículas: esa confirmación, de llegar, requerirá más datos, más sigma y la reproducción independiente que define a la ciencia experimental.

Referencias

ABC Ciencia. (2026, 6 de noviembre). El CERN halla pruebas de la existencia del zeptoverso, el mundo más pequeño jamás detectado. Recuperado el 6 de noviembre de 2026, de https://www.abc.es/ciencia/cern-halla-pruebas-existencia-zeptoverso-mundo-pequeno-20261105012027-nt.html

WIRED en Español. (2026, 4 de noviembre). Una de las desintegraciones más raras de la materia acaba de abrir la puerta al “zeptoverso”. Recuperado el 6 de noviembre de 2026, de https://es.wired.com/articulos/una-de-las-desintegraciones-mas-raras-de-la-materia-acaba-de-abrir-la-puerta-al-zeptoverso

BBC News Mundo. (2026, 3 de noviembre). Qué es el “zeptoverso”, el mundo más pequeño jamás detectado en la naturaleza, y por qué es clave para entender el universo. Recuperado el 6 de noviembre de 2026, de https://www.bbc.com/mundo/articles/c60rldxq8k1ro

CERN. (2022). We are Live from the LHCb Experiment [Video]. YouTube. https://www.youtube.com/watch?v=rQisRXUcoKk

Compartir: